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Quien aún no nos conocía era Monseñor Blázquez. Como hace dos años, el vestuario mixto se situó en la calle San Juan de Dios, tras el Calderón y frente al Arzobispado: no nos lo tomen a mal, simplemente es un sitio recogidito. Allí comenzó una vez más el despelote, los primeros nervios y vergüenzas. Pero hay que ver lo que viste una bici. Es ponerse a dar pedales y se te pasa todo el pudor. Y eso que esta vez tocábamos a más ojos por entrepierna, ya que el mal tiempo de los días anteriores y los nubarrones de las cinco y media no hacían presagiar la estupenda tarde que al final quedó. La comitiva era sensiblemente menos numerosa que otras veces.
Éramos menos, pero suscitamos más admiración. “¡Qué valientes!”, decía la gente al pasar, porque el frío a primera hora era importante. Pero hay algo en la desnudez que tiene un efecto liberador que protege del frío y las miradas: quizá es la mera liberación de adrenalina o una apelación a instintos muy primarios, pero la sanísima sensación de comunidad es igual año tras año. El pelotón circula aún más sonriente que en cada Masa Crítica.
El tiempo mejoró, pero no tanto como para acercarnos de nuevo a las duchas de la playa. Cuando Lorenzo salió a saludar, servidor se lo planteó a destacados miembros del politburó ciclista que, presa una vez más de la moderación, se negó en redondo. Disimulaban cantando “Un rayo de sol” y demás coplillas, pero el hecho es que solo la presión popular echó abajo el conservadurismo. Al llegar por segunda vez a la Plaza de la Libertad, tras poco más de 40 minutos dando pedales, se daba por finalizada la marcha. Bicis en alto, fotos, aplausos, carnes al aire. Pero el sol empezaba a calentar las cabezas y no había ganas de ponerse la ropa de nuevo. ¿Otra vuelta? Para cuando nos lo quisimos plantear, un pequeño grupo de incontrolados tomaba la tête de la course y desfilaba, literalmente, hasta la puerta de la Antigua. Creo que no llegaron al confesionario, y nos juntamos todo el grupo entrando a la Plaza de la Universidad.
¿Qué buscaban aquellas almas descarriadas? Pues lo que hasta el momento no nos habían sabido dar. Vale que habíamos tenido nuestra cuota de tercera edad con la boca abierta, su poquito de insultos (¡sinvergüenzas! ¡os parecerá bonito!) y la típica quinceañera que se tapaba los ojos, pero... ¿Qué es una ciclonudista sin boda? Ni en la Veracruz, ni en San Benito ni las Angustias pudo ser. Abandonamos López Gómez por el tramo peatonal de Santuario y allí, en la Plaza del Salvador, nos hicimos un hueco en el álbum de fotos de otras dos familias vallisoletanas. Sabemos que la gente guarda la fecha de boda para mediados de Junio para hacerla coincidir con la Ciclonudista: ¿por qué quitarles el capricho? La entrada fue triunfal, pues el paso es realmente estrecho y tuvieron que hacernos, literalmente, el pasillo de honor. Ni un mal gesto; fotos, risas y aplausos. Madre mía, qué aburridos son esos bodorrios y lo que se agradece un buen pelotón en pelotas a tiempo.
El siguiente paso por la Plaza de la Libertad ya fue definitivo. De nuevo bicis en alto, fotos, aplausos y carnes al aire, pero se acabó lo bueno. Para empezar lo mejor: fiesta en el Peni, concierto del Duende Eléctrico (mítico su “Todos en bolas” en nuestro honor), entrega de premios del concurso de fotografía y más cosas que me perdería y que quizás alguien pueda contar mejor.
Un año más conseguimos dar un poco el cante y fijar
la atención en lo importante. Porque así, la gente ya
sabe que tenemos algo diferente entre las piernas: bicicletas.
Enlaces prensa:
El Norte de Castilla
El Norte de Castilla (Fotos)
El Norte de Castilla (Video)
Televisión de Castilla y León (Video)
El Día de Valladolid
El Día de Valladolid (Fotos)
Diario Hoy
Televisión Castilla y León (Video-Entrevista)
Television Española- Video (TVE1 - Noticias)
Más Fotos:
Web Ruta 42
Contactos:ciclonudistapucela@gmail.com
Más información: Asamblea
Ciclista de Pucela
Quizá nos pudo al principio esa falta de novedad, y salimos
con un poco menos de ánimo que en otras ocasiones, con pocos
cánticos, con paso lento... Además, el calor contribuyó
a que saliéramos con la pájara (y con el pájaro),
como en un paseo de domingo (y de domingas). Pero poco a poco nos
fuimos viniendo arriba: las bodas siempre animan y cada año
nos conseguimos colar en dos o tres álbumes de fotos, aunque
Manu haya dejado de retratarse con la feliz pareja. Superada la caraja
inicial, se fue agudizando el ingenio y recordamos o parimos nuevos
cánticos y rimas: pronto pasamos del “esta es mi carrocería”
al “que se tapen los tubos de escape”, “no contamina,
ni gasta gasolina” o, dedicado a los convidados a los enlaces,
“este modelito es más baratito”. Justo le preguntaba
a María “¿cómo era esa de que somos los
mejores, o algo así?” cuando se arrancó Marcelo:
“Somos más majos que el copón y no contaminaaaamos...”
¿La ruta?
Imposible de recordar: sabedores de que el éxito de mi primera
crónica radicó en rememorar al detalle nuestro periplo,
la tête de la course se esforzó en desbordar mi capacidad
de retención con vueltas, giros y requiebros. La verdad es
que me lo estaba pasando tan bien que perdí la cuenta. Recuperamos
Cantarranas como (des)vestuario; dimos vueltas por Fuente Dorada,
Regalado, López Gómez, Plaza Mayor, Santa Ana, María
de Molina, Paseo Zorrilla... Muchos aplausos y sonrisas cómplices,
alguna cara de estupefacción y muy contados gritos de ¡guarros!.
Decenas de cláxones solidarios y expectación en las
ventanas, aunque nadie se sumó al “no nos mires, desnúdate”.
Hicimos sonrojar a más de un ciclista despistado que nos cruzamos
al exigirle que no diera la nota y se quitara la ropa de una vez.
Nos encontramos con agentes del orden y solidariamente exigimos una
mejora en sus condiciones de trabajo: “¡los municipales,
que vayan a pedales!”. Se sonreían; qué buen rollo,
¿no? Puede ser, pero también se debía a que sabían
que, en unos instantes, nos íbamos a dar de bruces con la procesión
del Corpus. Algunos nos gritaban “¡fuera, fuera!”,
supongo que pensando que lo habíamos hecho a propósito;
otras muchas personas simplemente reían y asumían perfectamente
que en la ciudad hay sitio para muchas más cosas.
De vuelta por el Paseo Zorrilla, la tête de la course demostraba ser presa de la moderación y el aburguesamiento al negar la petición popular de asaltar la fuente. Traidores, sí, pero buena gente, pues nos tenían preparado (¿o improvisado?) un plan B: a la playa que nos fuimos. Desconfiando de la calidad de las aguas de nuestro querido Pisuerga, optamos por las duchas. Una paradita para refrescarse que duró menos de lo que habría gustado a la legión de mirones que iba perdiendo el miedo a acercarse (y a grabar a medio metro, y lo que hiciera falta) y a puntito estaban de animarse a tocar el género; qué yuyu, madre. Manu sometió el tema a refrendo: “¿damos otra vuelta o terminamos ya?”. “¡¡¡¡Otra vuelta!!!!”. Con el refrigerio había recuperado la confianza del populacho.
Así seguimos otro buen rato, hasta que el calor sobre la piel aconsejó dar por finalizada la ruta. Los más inconformistas aún reclamaban otra vuelta más incluso después de levantar las bicis en la escalinata de Portugalete. Pero el aburguesamiento se había generalizado en el grupo y preferimos animar a nuestra compinche Isa para que corriera tras la barra del Peni a refrescarnos el gaznate. Allí nos fuimos una vez que recuperamos la vestimenta, demostrando servidor y alguno más la veracidad de otra de las nuevas rimas: “no soy tan feúcho, con ropa gano mucho”. Colmamos las mesas de ciclistas ya vestidos. ¿Todos? No. Pablo y el pequeño Nicoló se resistían a asumir que, en algún momento, la vida volvería a ser con ropa, mientras Bea, Natalia, Carlos y demás intentaban (y conseguían) sacarnos los cuartos con el merchandaisin hecho para la ocasión.
Misión cumplida. Yo conservo mi timbre y el ciclismo urbano vallisoletano conserva su buena salud con otra cita saldada con éxito. ¿Se levantarían algunos a tiempo para el mercadillo del domingo? Esa ya es otra historia...
Enlaces prensa:
Sábado, 7 de Junio de 2008, (17:30 tomando café). La
2ª Ciclonudista está al caer, hace solete y también
un airecillo que invita más a abrigarse que a quitarse la ropa.
Este año llegamos un poco antes para atender a los medios.
La espectación creada no ha sido la misma, y eso se nota nada
más llegar, menos gente, menos bicis e incluso la policía
que había era la normal de un Sábado cualquiera. Un
Munipa se atrevió a preguntar a Álvaro, pero como éste
le dijo que acababa de llegar y que no sabía nada, se fue tan
campante y no volvimos a saber más de ellos. Bueno, está
bien que se normalice el tema.
Eran las 18:20 cuando dejábamos el lugar, en la Plaza Mayor
daba la sensación de que no éramos más de 30.
Hubo incluso abucheos porque no nos desnudamos allí. El despelote
tuvo lugar en otro lugar más "consagrado", donde
unos músicos vestidos de hace 2 siglos y más vergüenza
que ninguno vieron agitado su paseo. Ahí, de repente, como
si no hubiesen querido salir antes, aparecieron más
compañeras y compañeros que junto a los que se sumaron
en marcha nos hizo llegar a los 60 ciclonudistas.
Salida hacia El Calderón donde ya había cierta prensa,
giro para buscar la boda de la Veracruz, San Benito, La Rinconada
y a pasar por Fuente Dorada donde esperaban el grueso de público.
Varias vueltas por el centro con agrado de la mayoría de los que tenían la suerte de cruzarse con nosotros, y muchos aplausos. Desde luego tuvimos una perspectiva diferente de la Plaza Mayor, de la Plaza España, Zorrilla, Santa Ana, Cruz Verde, Circular y también de la Plaza de la Libertad. Y fue muy simpática la cara de los policías que estaban haciendo el control de alcoholemia en Miguel Íscar pero en sentido contrario, creo que estas situaciones no vienen en el manual básico. Otra boda en la Plaza de la Universidad, que siempre vienen bien y animan mucho, además a todos les gustaba más nuestro traje de bodas.
Gran final en la Plaza de la Libertad, que por un momento rindió honor a su nombre, bicis al aire y empieza la cuenta atrás. Después a remojar el gaznate en El Penicilino
LARGA VIDA A LA CICLONUDISTA. SALUD Y PEDAL. ABAJO LA ROPA, ARRIBA LA BICI
Enlaces prensa:
Sábado 9 de Junio de 2007,18h, Plaza Mayor de Valladolid. Cientos de personas esperan el inicio de la primera edición de la Ciclonudista en Valladolid. Prácticamente todos los medios de comunicación de la ciudad están presentes. La policía y el Subdelegado del gobierno hacen su papel, preguntándonos sobre el recorrido de la marcha, objetivos y algunas cuestiones prácticas. Una vez aclaradas estas cuestiones, vía libre a la ciclonudista.
La Batukada nos da el banderazo de salida, y a ritmo de la percusión ¡¡¡ a las bicicletas ¡!!
Los curiosos congregados en la Plaza Mayor insisten en preguntar el recorrido y ¿cuándo os desnudáis?. Nos siguen a la carrera, mientras los 80 participantes nos dirigimos a la plaza de Cantarranas. Una vez allí, en una plaza recogidita, procedemos a quitarnos la ropa, practicar las coplillas para cantar y atender las recomendaciones de la organización. Preparadas, listas… y adelante!!!
Nada más salir, los asistentes a una boda en la calle Platerías nos aplauden sonrientes, espectacular la imagen al llegar a Fuente Dorada: ocupamos los dos carriles, normalmente invadidos por los coches, la gente se agolpa en la calzada para vernos y aplaudir, parece el Tour cuando el ciclista busca el pasillo entre el público.
Empieza a llover y surgen las dudas. A pesar de la intensa chaparrada decidimos continuar, total, la ropa no se nos moja. Al poco deja de llover, nos secamos, seguimos adelante, y vuelve a llover con más ganas aún.
Tras hora y media dando vueltas por la ciudad, decidimos terminar, sin poder leer el manifiesto debido a la lluvia. El próximo año contrataremos el Sol.
Impacto mediático: muy positivo. Sin haber hecho difusión hemos estado los 10 días anteriores presentes en prensa, radio y televisión. Se ha hablado de bicicleta, con un mensaje claro y contundente: nos sentimos desnudos ante el tráfico, la ciudad está ocupada y contaminada por los coches, la bici es una alternativa limpia y responsable.
Lo pasamos genial, desde luego ha sido una experiencia muy divertida para todos y todas. La sonrisa en la cara nos va a durar unos cuantos días.
¡¡VIVA LA CICLONUDISTA!!